Hoy las ciudades de América latina afrontan grandes retos en materia de desarrollo, servicios públicos, saneamiento básico, seguridad y dotación urbana. El reto está en hacer eficientes los recursos con los que se cuenta, de implementar políticas que permitan el crecimiento y densificación de las ciudades sin colapsar los sistemas de transporte que terminan siendo el eje de desarrollo de dinámicas sociales, económicas y hasta ambientales en los territorios urbanos.
En este escenario, cobra protagonismo la implementación de planes y sectorización del desarrollo urbanístico que plantean las ciudades y que reconocen la individualidad en el desarrollo no solo de cada ciudad en particular, sino de los diferentes sectores de las ciudades de acuerdo con sus dinámicas sociales y culturales.
El desarrollo urbanístico responsable no consiste en crecer de manera desmedida para aumentar la densidad del suelo. Por el contrario, requiere comprender las particularidades de cada sector de la ciudad y reconocer que su evolución está estrechamente ligada a factores como la ubicación de equipamientos de interés distrital y nacional, la consolidación de corredores viales y de transporte masivo, y la aparición de espacios que impulsan el desarrollo comercial, así como importantes dinámicas culturales y sociales. Todos estos elementos transforman la forma en que las personas habitan, recorren y utilizan determinados sectores de la ciudad.
Precisamente, este tipo de análisis fue uno de los pilares considerados en la formulación del Decreto 555 de 2021, mediante el cual la Alcaldía de Bogotá adoptó el Plan de Ordenamiento Territorial. Su enfoque parte de reconocer que Bogotá no es una ciudad homogénea, sino un territorio con dinámicas muy distintas entre sus sectores, razón por la cual plantea una planificación diferenciada que busca orientar el crecimiento urbano de manera más coherente con las necesidades actuales y futuras de la ciudad.
Ahora bien, hay un aspecto que cobra especial relevancia al analizar los efectos del sismo del 10 de agosto de 2026. De acuerdo con la evaluación realizada por INGENIAR: Risk Intelligence1, el terremoto de magnitud Mw 7,4 produjo pérdidas físicas directas estimadas en aproximadamente $30 billones de pesos en edificaciones e infraestructura de los departamentos de Chocó, Valle del Cauca, Risaralda, Quindío y Caldas. De este valor, cerca de $24,5 billones corresponden a edificaciones.
Más allá de las pérdidas económicas, estos eventos ponen nuevamente sobre la mesa una discusión fundamental: la seguridad de nuestras ciudades. El informe señala que la duración del movimiento sísmico, que superó los 50 o 60 segundos en algunas ubicaciones, constituye un factor relevante para interpretar los daños observados, debido al número de ciclos de carga y a la acumulación de deformaciones que pueden experimentar las estructuras durante un evento prolongado.
En este contexto, la renovación urbana representa mucho más que la transformación física de un sector. Es una oportunidad para intervenir territorios consolidados, reemplazar edificaciones que presentan condiciones de vulnerabilidad por nuevas construcciones diseñadas bajo los estándares técnicos y de seguridad vigentes, y contribuir así a ciudades más resilientes frente a futuros eventos naturales.
Esta es precisamente una de las razones por las que en Elemento Constructora S.A.S. apostamos por este tipo de proyectos. Entendemos el desarrollo urbano como una responsabilidad que va más allá de construir nuevos espacios: significa contribuir a que las ciudades sean mejores, más funcionales y, sobre todo, más seguras. Apostarle a la renovación urbana es también apostarle a que las nuevas edificaciones que sustituyen estructuras existentes, especialmente aquellas concebidas bajo estándares normativos anteriores, incorporen las exigencias actuales de diseño y seguridad estructural.
No se trata de borrar la historia de nuestras ciudades, sino de permitir que evolucionen. El objetivo es conservar la identidad y el valor de los territorios, mientras se generan nuevas condiciones de habitabilidad, seguridad y bienestar para quienes los ocuparán.
Esta visión se refleja en proyectos como Vita 119, donde Elemento integra la tradición de una zona residencial consolidada de Bogotá con una propuesta contemporánea basada en innovación, sofisticación y desarrollo responsable, incorporando principios como sostenibilidad, biofilia, eficiencia energética, gestión responsable del agua y bienestar de sus habitantes.
La renovación urbana es, entonces, una oportunidad para resignificar el territorio: darle una segunda oportunidad a un suelo que ya soportó el desarrollo de una generación y prepararlo para una nueva. Es construir pensando en el presente, pero también en la ciudad que queremos proteger mañana. Desde Elemento creemos que cada nuevo proyecto debe aportar a esa evolución. Porque construir ciudad también significa prepararla para resistir, adaptarse y seguir adelante.
July Ballesteros
Directora Técnica, Elemento Constructora S.A.S.